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Semilla de papa, reto para la ciencia cubana
Científicos villaclareños desarrollan un proyecto
que pudiera ahorrar al país varios millones de dólares
Freddy Pérez
Cabrera
VILLA CLARA.— Si algún reto tiene la biotecnología, es el de
lograr la producción nacional de semillas de papa, con lo cual el
país ahorraría decenas de millones de dólares que hoy se invierten
en su compra en el exterior.
Lograr
una semilla de papa autóctona y resistente es un reto de la
biotecnología cubana.
Uno de los sueños del Comandante en Jefe al crear las biofábricas,
era precisamente que estas contribuyeran a generar semillas de
calidad, en especial de papa, como lo demanda la agricultura.
Sin embargo, por diversas razones, unas veces objetivas y otras
que han dependido de la voluntad de los hombres, tal aspiración no
ha sido concretada, a pesar de algunos intentos emprendidos, la
mayoría de ellos infructuosos.
El Instituto de Biotecnología de las Plantas de Villa Clara (IBP),
adscrito a la Universidad Central Marta Abreu, de esta provincia, es
testigo excepcional de los avatares de este noble empeño, por haber
sido el centro científico al cual se encomendó la misión de trabajar
por dotar a la agricultura cubana de una simiente de papa autóctona.
El Doctor Daniel Agramonte Peñalver, director del IBP, cuenta
que, si bien el programa nació en 1989, es a partir de 1992 cuando
se le da la tarea al IBP de trabajar por reducir el esquema de
producción de la papa de diez a cinco años, y bajarlo al llano
porque hasta ese momento solo era practicado en las montañas, donde
resultaba mucho más complejo, como consecuencia de las constantes
infestaciones causadas por enfermedades e insectos.
Durante cuatro años el proyecto resultó exitoso, al lograr
producir un volumen de semilla capaz de garantizar la siembra del
30% de las áreas del país destinadas a este cultivo, es decir,
alrededor de 400 caballerías, expresa Agramonte, quien recuerda que,
por el nivel alcanzado, en dos años se podría haber sembrado toda la
papa del país a partir de una semilla cubana.
Mas, a partir de 1996 el programa comenzó a declinar producto de
algunos deslices cometidos, como lo fue propagar una sola variedad,
la Dessirée, con la cual fue plantado el 80% de los campos y no se
rotaron las áreas, lo cual provocó que las semillas volvieran a
infestarse. Además, era un programa muy voluminoso, en la práctica
incontrolable, explica el doctor Agramonte.
Borrón y cuenta nueva
Confiados de que sí es posible producir una semilla de papa bien
cubana, de iguales o mejores condiciones que las importadas, hace
dos años los científicos villaclareños, con el apoyo de varias
instituciones del país, han vuelto a la carga convencidos de que el
que persevera triunfa.
Treinta
días después de sembradas las plantaciones de papa muestran una
vitalidad asombrosa.
Hoy existe mayor integración entre los diferentes centros,
tenemos el personal calificado y el apoyo del Partido, el Gobierno y
del Ministerio de la Agricultura, interesados en fomentar todo lo
que sustituya importaciones. Entonces, es el momento de dar una
respuesta al reclamo que nos hiciera Fidel hace muchos años, señala
el doctor Sergio Rodríguez, director del Instituto Nacional de
Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), quien piensa que
pueden aportar una buena cantidad de las simientes de papa que
necesita el país, con lo cual ahorrarían parte de los casi 15
millones de dólares dedicados a adquirirlas en el exterior.
Este es un proyecto pequeño y más controlable desde el punto de
vista técnico, desarrollado en una provincia como Villa Clara, con
un potencial que nadie tiene: cinco biofábricas, instituciones del
nivel del INIVIT y el IBP, además de una de las Facultades de
Ciencias Agropecuarias de mayor potencial en Cuba, asegura el
también miembro del Consejo de Estado.
Para el ensayo se ha escogido a la UBPC Jesús Menéndez,
perteneciente a la Empresa de Cultivos Varios Valle del Yabú, donde
se trata de demostrar la sostenibilidad de esta idea.
Razones para confiar
La ingeniera agrónoma Zoe Sarría Hernández, Master en
Biotecnología Vegetal y subdirectora de producción del IBP, es una
de las expertas que desarrollan el proyecto de campo en la UBPC
Jesús Menéndez, donde disponen de media hectárea de tierra dedicada
a ese fin.
En
la UBPC Jesús Menéndez el seguimiento a las plantaciones es
prioridad.
Estamos en el segundo año de la experiencia, que debe durar entre
cuatro y cinco, y consta de varias fases. El pasado año hicimos una
selección de las mejores plantaciones, atendiendo a sus condiciones
fisiológicas, las cuales no tuvieron enfermedades y sí altos
rendimientos. Esos tubérculos resultaron desinfectados y se llevaron
al laboratorio, para obtener las primeras vitroplantas, explica la
ingeniera.
Una vez conseguidas, estas fueron trasladadas a casas de cultivos
con el fin de obtener los minitubérculos, tarea desarrollada este
año, añade la subdirectora del IBP.
Por el hecho de estar libre de plagas y enfermedades, y ser
resultado de una vitroplanta, esta semilla es superior a la
importada; sin embargo, la vigilancia debe mantenerse, porque en el
campo puede infestarse, de ahí el seguimiento dado a las
plantaciones.
Para no repetir errores del pasado, el programa tiene lugar a
partir de dos variedades foráneas, Romano y Santana, más otras de
procedencia nacional como la Greter y Yara, creadas por el Instituto
Nacional de Ciencias Agropecuarias (INCA), centro que trabaja con el
propósito de que todas las semillas sean cubanas.
Si todo sale como se ha previsto, al cabo de unos pocos años se
podrá contar con una semilla de papa autóctona, con lo cual se habrá
saldado la cuenta que tienen pendiente los científicos con la
agricultura y con Fidel. |